Esta semana el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha sido noticia al expresar su acuerdo con los matrimonios homosexuales, lo que supone un hito histórico en la historia política de la primera potencia mundial, ya que hasta ahora ningún inquilino de la Casa Blanca se había mostrado favorable a esta opción.
Este hecho podría significar que por fin Estados Unidos se abre paso hacia igualdad. Sin embargo esto aún está lejos de ser una realidad: 30 Estados lo prohíben expresamente, entre el 50% y el 56% de los
ciudadanos está a favor del matrimonio homosexual, lo que acerca a este
país a la sensibilidad europea al respecto. Aquí está legalizado en
Holanda, Suecia, Bélgica, Noruega, Portugal e Islandia. España fue
pionera. En 2005 y con dos tercios de la población a favor, no solo
legalizó el matrimonio gay sino que lo igualó en derechos, incluido el
de la filiación.
El anuncio del presidente estadounidense ha coincido con el Día Mundial contra la Homofobia, celebrado el pasado jueves, lo que ha movilizado al colectivo gay español que se encuentra inquieto por su futuro en nuestro país. El Partido Popular mantiene su recurso ante el Tribunal Constitucional contra la legalización del matrimonio homosexual. Esto ha provocado que muchos se hayan apresurado a casarse y los que ya lo hicieron teman por sus derechos.
Es una situación intolerable que el Constitucional está provocando con
su imcompresible retraso en tomar una decisión. Esta indefinición ya
está perjudicando a este colectivo; un daño gratuito que el Gobierno
podría evitar retirando el recurso visto, además, que el matrimonio gay
no es una amenaza para nadie y menos para la familia tradicional que la
Iglesia católica y el PP dicen defender. Rajoy debería saber ya que
intentar evitar cualquier riesgo electoral dejando en manos de los
jueces una decisión de tanto calado social es una chapuza demasiado
evidente que no pasa desapercibida.
Isabel M. Gaspar Calero
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