domingo, 6 de mayo de 2012

Malos tiempos para la prensa

El pasado 3 de mayo, día Internacional de la Libertad de Prensa, el secretario general de las Naciones Unidas lanzaba el siguiente mensaje: "La libertad de expresión es uno de nuestros más valiosos derechos. Constituye la base de todas las demás libertades y es el fundamento de la dignidad humana. La existencia de medios de comunicación libres, pluralistas e independientes es esencial para poder ejercer ese derecho".

Deberíamos reflexionar sobre estas palabras en un momento tan delicado para la profesión: ERES, cierre de medios, concentración de medios... Por no hablar de aquellos países en los que el precio de informar es la vida. Y es que no son pocos los que afirman que el periodismo vive su peor momento desde que surgiera como garantía de las libertades democráticas, que en nuestro pais tuvo lugar en 1810 con el Decreto de la Libertad Política de la Imprenta. Hasta finales del siglo pasado gozabamos de una prensa plural, libre y ejercida por profesionales acreditados.

Sin embargo,  las asociaciones y colegios de periodistas denuncian una serie de males que amenazan con hundir la profesión periodística en una total falta de credibilidad y un lamentable desprestigio social. Según datos del Observatorio de la Crisis de la FAPE, desde noviembre de 2008 (año de su creación) se han perdido 4.830 empleos en el sector periodístico, aunque no tardaremos en alcanzar los 5.000.

Evidentemente la crisis económica está mermando seriamente nuestra profesión, pero no es la causante del descrédito social que la asola. Día a día se multiplican las quejas recibidas por las comisiones y consejos deontológicos denunciando mala praxis en las tareas informativas. Y es cierto que a menudo se vulneran los principios éticos más básicos de la profesión. La frivolidad prima sobre el rigor informativo y las presiones y limitaciones sobre la libertad de información. Muchas veces se sacrifica la realidad en aras del entretenimiento y el espectáculo. En los últimos años estos males se han exacerbado contribuyendo al desprestigio, al recelo, en definitiva a la mala prensa de la profesión.

No obstante, muchos de los que desconfian de la prensa no tienen plena conciencia del entramado oscuro que hay detrás: condiciones precarias para muchos profesionales, limitaciones impuestas por diversos poderes o las ruedas de prensa sin derecho a preguntas, como hace nuestro transparente y claro presidente del gobierno.

Por tanto dos son los males que acucian al periodismo, la crisisi económica y el periodismo sin formación. Lamentablemente crecen en nuestro país como setas las "Belenes Esteban" o los "Kikos Hernández".

Lo único que me queda claro de todo este panorama es que son malos tiempos para la prensa, pero para la de calidad, lo otro es simplemente "panem et circenses".

Isabel M. Gaspar Calero

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